Espirales de calor

Me está asaltando el calor por todas partes, desatando mi vocación de albina. Voy cerrando puertas y ventanas. Antes de cerrar la última persiana, he visto caer un gorrioncillo en el techo de un coche y se ha frito literalmente. Y el sonido chillón de las chicharras logra atravesar todos los muros. Parece que me han puesto algodones en las fosas nasales y el abanico mueve globos transparentes que no logran bajar mis palpitaciones. Me doy cuenta de que estoy irritada, el calor genera agresividad sorda y me doy cuenta de que la lengua se me ha quedado seca como un césped de mala calidad.
Están arreglando las arquetas de la comunidad, del grifo no sale una gota de agua y no tengo la costumbre de comprar agua embotellada.
Me tiro en el sofá acogiéndome al derecho a la ley del mínimo esfuerzo y levanto las piernas a ver si me llega algo de sangre al cerebro y no me desmayo.
En esa postura me doy cuenta de que se han dejado encendida la tele en un canal que nadie ve, tan sólo yo, porque reponen pelis de hace años y soy una nostálgica. Y ahí también está el calor, veo un desierto tejano con espirales intercambiando calor entre la tierra y lo que se supone debe de ser el aire, y ese actor que siempre olvido cómo se llama, pero que me produce sensación de drama solitario, interpretando a Travis en Paris, Texas. Me quedo algo más tranquila, la película ya me produjo una especie de sofronización hace años y me vuelve a suceder, es como si me lanzara de pleno a la sed de verdad, y a la desesperación más absoluta en medio de una relación también desértica entre esos dos personajes absurdos. Me siento absurda y los rasgueos de la guitarra de Ry Cooder son el único consuelo.
Soy un pollo sudado que se asa en un horno con la música de Paris Texas marcando el ritmo lento.
Por fin me duermo.
Espero que nadie me coma.

No mangar e-book

Querido Inda:

No, si yo ya lo sabía desde el principio, tú sólo me quieres por mis aparatos electrónicos y lo demás son aderezos de Don Juan de internet.
Me mosqueé bastante cuando te apoderaste de mi centro de planchado, eso de pasarte el día planchándote las camisas no iba con tu estilo primigenio, siempre me pareciste más bien del club de la greña y la legaña natural.
Me puse también muy triste cuando tus arrumacos de hombre miel se transformaron en largos silencios, tú contemplando fascinado la pantalla de mi Mac Pro con procesadores de xeon westwemere, y yo contemplándote a tí desde atrás mirando melancólica la curva de tu deltoides y recordando cuando aún bebíamos agua.
Pero lo que clama al cielo es que me hayas robado impunemente mi lector de ebooks. ¿Para qué narices lo quieres? He visto que te lo has pegado a esa barriguita tan adorable que tienes con esparadrapo, a modo de tableta de abdominales ¿no?, a lo mejor te piensas que va a producirse un trasvase cultural por osmosis barriga-ebook.
Esto raya ya la más absoluta desidia y desfachatez.
Te abandono. Ahí te quedas con mi lavadora ultrasónica de frigoríficos y mi máquina de coser.
Yo me largo con el del butano,como tiene que ser, hay que conservar las tradiciones.
Si por casualidad te das cuenta de que ya no estoy en la casa, no me mandes un email, mejor mándame un bote con tus babas, es posible que sea la única manera de redimirte.

Te quiere
Perlita Juliana

La cuidadora de cactus

Tres de picos pardos

La cuidadora de cactus, que era una cactus ella misma al fin y al cabo, llevaba una vida muy triste.
Con su hirsutismo le resultaba difícil besar sin pinchar y eso limitaba bastante su existencia. No es que no se pueda vivir sin besar, claro, todo el mundo lo sabe, pero se hace más insoportable y ella estaba decidida a cambiar su destino, su sino y a pensar en “a ver si atino”.
Así que se tomó muchas hormonas amigas de la suavidad, la melosidad y la lampiñez.
Se pasó varios años yendo a hacerse láser, bueno el láser se lo aplicaba un médico encantador que era como su psicoanalista, mientras él asesinaba los pelos de ella sin piedad, la cuidadora de cactus le contaba su vida, y él daba un toque de humor a sus comentarios pensando en la longitud de onda y la frecuencia del láser que tenía que utilizar a modo de arma del crimen piloso. Ella sonreía con todos los dientes en una posición bastante ridícula, pero sintiéndose consolada, mientras iba siendo desparasitada de su lacra.
Cuando la cuidadora, después de quedarse sin cash, por fin se quedó sin pelos, bueno sin los que son políticamente incorrectos, decidió seducir a alguien.
Esa tarea ya fue más complicada, porque no tenía muy claro qué era lo que quería, sólo sabía que no sabía nada y le invadía una peligrosa noción de lo que no quería, tan limitante como su hirsutismo.
Así que se fabricó unas bragas de fantasía.
La mayoría de las mujeres interesantes llevan bragas con encaje o blonda, pero ella decidió ir más allá: cogió unas bragas del siglo XVII de antes de hincharse como una foca en la era de las patatas fritas y los colacaos, es decir, unas bragas de cuando era persona, cosió un espumillón en la cintura y un par de bolitas de Navidad en las caderas.
Estaba monissssma monissssma de la muerte.
Además había estado yendo a clases de la danza del vientre durante un par de años, claro, de todos es conocido que más que danza del vientre en la mayoría de los casos todo queda en danza de barriga o en un hulahop de mercadillo, pero ella estaba muy concienciada con la ilusión de que el mundo iba girando a sus pies mientras ella andaba dándole unas cuantas vueltas de tuerca a su cabeza, con riesgo de asfixia inminente.
Venciendo una timidez que estaba a punto de caramelo para romperse, salió de marcha con un par de amigas tan impresentables como ella:  la una cuidadora de maíz devorador de muesli macrobiótico y la otra cuidadora de vecinas.

La policía las está buscando a las tres.
No nos han querido hacer comentarios acerca de cuál fue el delito y cuáles fueron los hechos desencadenantes y concatenantes, ya que es un asunto bajo secreto de sumario, sólo se sabe que fue hallado el cuerpo del delito y que sólo era capaz de comunicarse con símbolos de runas célticas y que estaba empanado en una especie de alucine jamás visto antes en ningún medio de comunicación.

Los cactus de la cuidadora tienen sed y están quedándose sin pinchos, están a merced de cualquier depredador desalmado.
Amigos, os incito a que vengáis a rescatarlos.

http://ligadeamigosdeloscactusabandonados.org/