Le soleil ligón

Había viento de sureste suave y el sol no quería ponerse todavía, bueno, en realidad estaba puesto allí en lo alto, pero no quería esconderse. Le gustaba ver pasear por la dársena de levante a toda esa gente con ganas de hablarle. Porque todo hay que decirlo, el sol se sentía un poco solito haciendo de calefactor e inductor e la fotosíntesis. Los barcos cabeceaban contentos, esperando que alguien los pilotara para irse de paseo a ver delfines, era el día propio.

El sol vio un yate de dos palos y 12 metros de eslora, precioso, con una bandera francesa ondeando nueva, y la cubierta recién fregada. Siempre se había dejado seducir por la pronunciación de su nombre con ese glamour, “soleil”. Bajó a cuchichear con el yate, para hacerle proposiciones deshonestas. Aprovechando que el capitán se había ido a tomar unas birras por el puerto, le soleil estuvo rondando al yate cantándole canciones de tuna y recitándole hermosas poesías de esas que la gente le dice a la luna cuando va algo pasada de rosca.

En un descuido, el sol o le soleil, como prefiráis, se acercó tanto, que prendió el velamen y aquello comenzó a arder y la lió parda, como cuando entró en la fábrica de Vulcano para competir.

Llegron bomberos diligentes y con ese subidón de adrenalina que produce una de sus intervenciones, apagaron el fuego y de paso ducharon al sol, que ya olía mal de todo el día por ahí sudando.

Todo se quedó negro un rato, el sol se quitó el disfraz de soleil y se pujo su pijama de estrellas. Y la gente, ignorándole, siguió paseando y dándose al jolgorio por la dársena de levante.

 

 

Heliopondrio el Contemplativo

Adoradora limitada

Gallo

No soy tu adoradora. ¿Y qué pasa si tú eres un “Creador”?, pues yo soy una exploradora con minúscula y ya está. Y, por si lo desconocías, a un creador le corresponde el mismo porcentaje de capacidad destructiva que de creativa. Tu endiosamiento mismo te destruye a ti, te aísla y te impide ver y oír de verdad, ¿no lo estás viviendo?

Me has dejado boquiabierta con tu música y me hubiera encantado volar dentro de tu cabecita cuando la compones, para saber qué estabas cociendo allí. Reconozco que me emborraché de sonidos, tonos y armonías, y que tu entrega a esa música me impresionó y me enamoró. Pero eso no me hace esclava de tus gustos y principios, por principio yo tengo los míos.

Estás acostumbrado a llevarte de calle, y de cama, a todas las mujeres que se cuelan en tu aura. Pero tu aura no es dorada completamente, ni siquiera fucsia. Has tenido la mala pata de topar conmigo, que soy diseccionadora de insectos y me gusta rebuscar en las laderas de los caminos, allí donde se va dejando caer todo lo que creemos que no sirve para nuestro ego.

Me llevo de regalo un cachito de tu ego, a ver si así yo menguo mi soledad y tú incrementas tu humildad. Pero eres un ser tan cavernícola como brillante y si eres un árbol tan grande y hermoso, a tu alrededor sólo pueden medrar plantitas pequeñas y parásitos serviles.

Un beso de todas formas, aunque no sepas recibirlo porque no me he sometido a ti. Sé que tú eres tan esclavo de la naturaleza como yo.

Marieli

Miel gris

Miel gris.
Gris y miel.
Aunque el mar hoy se ha puesto la chaqueta gris, como la mía, y el cielo se empeña en llover, hay reflejos dorados y amarillos, que me sacan el color miel de los ojos, así recupero la fe en que no todo es casposo. Los barcos de la atarazana hacen brillar al fondo los mástiles de los nuevos, pero esperan ser reparados y, aunque no puedan competir, podrán navegar sin muletas.

Msol