Gallos, poesía y monumentos

Los gallos del Parque La Paloma han perdido la color.
Toda Benalmádena suspira con sus cuitas.

(Saca un pañuelo y si eres diabético no sigas leyendo, que hoy he puesto todo el azúcar en el asador).
Tristes y compungidos, pasean los gallos parque arriba parque abajo, salen a pasear por los alrededores sin darse cuenta de que el mundo ha cambiado. Abstraídos, no ven que los coches han formado caravana para dejarles que crucen la carretera como pedro por su casa. Avanzan con parsimonia, una pata, luego el cuello, la cabeza, se quedan en suspenso unas décimas de segundo con el ojo amarillo enfocado al aire, trasladan la cola como un elemento independiente, avanzan luego la otra pata y vuelven a empezar. Hacen ondear su cresta pensativos. Se cruzan entre sí sin mirarse, como almas en pena, como poetas que son.
Erráticos por el parque, se preguntan si existirá el mundo más allá de la barrera de cactus. Y van dejando caer sus plumas como cuando un castaño regala sus hojas al suelo a modo de abrigo de visón, a modo de chantaje emocional para que albergue sus raíces. Ellos simplemente desearían dejar su pluma grabada en granito, aunque se fastidie el granito, ya se encargarán de erosionar sus egos los vientos del futuro.
(Aypordiosquépena, rasgueo de guitarra, por favor)
Las plumas de los gallos se quedan quietecitas ahí, en el suelo, que es autista. Y a veces se dejan mecer un poco por el viento, como los poemas, como las poesías, como las barbas de los poetas y las melenas de las poetisas en su anhelo de ser leídos. Esperan caer arrebatadas en brazos de la emoción, brillan apasionadas.
Las gallinas se han quedado pálidas, casi blancas, están demasiado concentradas en el huevo fresco. Su poesía es de otro color, no es poesía de crestas barrocas.
Pero quiero contaros un suceso curioso, extraño.  Han desafiado al bosque de cactus y acaban de encontrar a su musa. Ya no se sienten abandonados. Se confabulan los gallos y descubren el asombro del mundo, el por qué de su existencia, el tótem de su esencia: El monumento homenaje a la poesía, o a los poetas, porque ya no se sabe si es monumento, conjunto escultórico, escultura, el rincón de los cuentos de los niños, el banco de las lamentaciones, o una obra de ingeniería con las instrucciones en poema de cómo utilizar un smartphone con los dedos gordos. Que el vulgo distorsiona mucho los hechos primigenios y también Quevedo era poeta.
Ven un árbol férreo, que en vez de bellotas da libros, que en vez de hojas de clorofila tiene hojas con tinta, se desconoce si de sepia o sintética, y ven gente a sus pies, seres humanos, mayores y pequeños, que se sientan a la sombra del libro-árbol y se cuentan cuentos, se reúnen a hablar de otros árboles, de otros libros y de otros poetas. Se sientan en sus raíces pétreas  y sueñan con sentirse más firmes.
Antes de regresar henchidos al gallinero, sacando más pecho que los pavos reales, van saltando entre las ramas aceradas del árbol-libro, sueltan plumas para que los que pululan por abajo escriban sobre la poesía de la pluma del gallo, hacen pequeños vuelos sin motor  y mueven el mundo dormido de las ocho de la tarde.
El árbol se ríe con dientes de libro.

Foto: Monumento al Libro, Juan Carlos de Clares, Benalmádena, Parque de La Paloma
Artículo publicado en la revista digital Aforo Libre

 

No me seas estorbito

¡Vale ya, Mikaela!
Haz el favor de centrarte y estarte quieta, que me tienes negro. Para, para la cabeza y deja de pensar.
Eres una petarda con tus letanías masoquistas buscándome las vueltas para que te mande a freír espárragos.
A veces pareces una niña malcriada berreando, pataleando y lloriqueando por una chorrada.
Estorbito, que eres un estorbito.
¡Anda, anda, vete a freír los puñeteros espárragos, …y un rábano en salsa también!
Y cuando acabes, vuelves y me los traes, a ver si podemos compartirlos en paz y silencio, ¡leñe!
Que haces más ruido que un contenedor de vidrios rotos.
No me seas heteróclita, ni ojetera, que me estás buscando las cosquillas y lo vas a conseguir.
A veces te mordería, ¿eh?
Oooooooommmmmm

La cuidadora de cactus

Tres de picos pardos

La cuidadora de cactus, que era una cactus ella misma al fin y al cabo, llevaba una vida muy triste.
Con su hirsutismo le resultaba difícil besar sin pinchar y eso limitaba bastante su existencia. No es que no se pueda vivir sin besar, claro, todo el mundo lo sabe, pero se hace más insoportable y ella estaba decidida a cambiar su destino, su sino y a pensar en “a ver si atino”.
Así que se tomó muchas hormonas amigas de la suavidad, la melosidad y la lampiñez.
Se pasó varios años yendo a hacerse láser, bueno el láser se lo aplicaba un médico encantador que era como su psicoanalista, mientras él asesinaba los pelos de ella sin piedad, la cuidadora de cactus le contaba su vida, y él daba un toque de humor a sus comentarios pensando en la longitud de onda y la frecuencia del láser que tenía que utilizar a modo de arma del crimen piloso. Ella sonreía con todos los dientes en una posición bastante ridícula, pero sintiéndose consolada, mientras iba siendo desparasitada de su lacra.
Cuando la cuidadora, después de quedarse sin cash, por fin se quedó sin pelos, bueno sin los que son políticamente incorrectos, decidió seducir a alguien.
Esa tarea ya fue más complicada, porque no tenía muy claro qué era lo que quería, sólo sabía que no sabía nada y le invadía una peligrosa noción de lo que no quería, tan limitante como su hirsutismo.
Así que se fabricó unas bragas de fantasía.
La mayoría de las mujeres interesantes llevan bragas con encaje o blonda, pero ella decidió ir más allá: cogió unas bragas del siglo XVII de antes de hincharse como una foca en la era de las patatas fritas y los colacaos, es decir, unas bragas de cuando era persona, cosió un espumillón en la cintura y un par de bolitas de Navidad en las caderas.
Estaba monissssma monissssma de la muerte.
Además había estado yendo a clases de la danza del vientre durante un par de años, claro, de todos es conocido que más que danza del vientre en la mayoría de los casos todo queda en danza de barriga o en un hulahop de mercadillo, pero ella estaba muy concienciada con la ilusión de que el mundo iba girando a sus pies mientras ella andaba dándole unas cuantas vueltas de tuerca a su cabeza, con riesgo de asfixia inminente.
Venciendo una timidez que estaba a punto de caramelo para romperse, salió de marcha con un par de amigas tan impresentables como ella:  la una cuidadora de maíz devorador de muesli macrobiótico y la otra cuidadora de vecinas.

La policía las está buscando a las tres.
No nos han querido hacer comentarios acerca de cuál fue el delito y cuáles fueron los hechos desencadenantes y concatenantes, ya que es un asunto bajo secreto de sumario, sólo se sabe que fue hallado el cuerpo del delito y que sólo era capaz de comunicarse con símbolos de runas célticas y que estaba empanado en una especie de alucine jamás visto antes en ningún medio de comunicación.

Los cactus de la cuidadora tienen sed y están quedándose sin pinchos, están a merced de cualquier depredador desalmado.
Amigos, os incito a que vengáis a rescatarlos.

http://ligadeamigosdeloscactusabandonados.org/

La cuidadora de cactus

Tres de picos pardos

La cuidadora de cactus, que era una cactus ella misma al fin y al cabo, llevaba una vida muy triste.
Con su hirsutismo le resultaba difícil besar sin pinchar y eso limitaba bastante su existencia. No es que no se pueda vivir sin besar, claro, todo el mundo lo sabe, pero se hace más insoportable y ella estaba decidida a cambiar su destino, su sino y a pensar en “a ver si atino”.
Así que se tomó muchas hormonas amigas de la suavidad, la melosidad y la lampiñez.
Se pasó varios años yendo a hacerse láser, bueno el láser se lo aplicaba un médico encantador que era como su psicoanalista, mientras él asesinaba los pelos de ella sin piedad, la cuidadora de cactus le contaba su vida, y él daba un toque de humor a sus comentarios pensando en la longitud de onda y la frecuencia del láser que tenía que utilizar a modo de arma del crimen piloso. Ella sonreía con todos los dientes en una posición bastante ridícula, pero sintiéndose consolada, mientras iba siendo desparasitada de su lacra.
Cuando la cuidadora, después de quedarse sin cash, por fin se quedó sin pelos, bueno sin los que son políticamente incorrectos, decidió seducir a alguien.
Esa tarea ya fue más complicada, porque no tenía muy claro qué era lo que quería, sólo sabía que no sabía nada y le invadía una peligrosa noción de lo que no quería, tan limitante como su hirsutismo.
Así que se fabricó unas bragas de fantasía.
La mayoría de las mujeres interesantes llevan bragas con encaje o blonda, pero ella decidió ir más allá: cogió unas bragas del siglo XVII de antes de hincharse como una foca en la era de las patatas fritas y los colacaos, es decir, unas bragas de cuando era persona, cosió un espumillón en la cintura y un par de bolitas de Navidad en las caderas.
Estaba monissssma monissssma de la muerte.
Además había estado yendo a clases de la danza del vientre durante un par de años, claro, de todos es conocido que más que danza del vientre en la mayoría de los casos todo queda en danza de barriga o en un hulahop de mercadillo, pero ella estaba muy concienciada con la ilusión de que el mundo iba girando a sus pies mientras ella andaba dándole unas cuantas vueltas de tuerca a su cabeza, con riesgo de asfixia inminente.
Venciendo una timidez que estaba a punto de caramelo para romperse, salió de marcha con un par de amigas tan impresentables como ella:  la una cuidadora de maíz devorador de muesli macrobiótico y la otra cuidadora de vecinas.

La policía las está buscando a las tres.
No nos han querido hacer comentarios acerca de cuál fue el delito y cuáles fueron los hechos desencadenantes y concatenantes, ya que es un asunto bajo secreto de sumario, sólo se sabe que fue hallado el cuerpo del delito y que sólo era capaz de comunicarse con símbolos de runas célticas y que estaba empanado en una especie de alucine jamás visto antes en ningún medio de comunicación.

Los cactus de la cuidadora tienen sed y están quedándose sin pinchos, están a merced de cualquier depredador desalmado.
Amigos, os incito a que vengáis a rescatarlos.

http://ligadeamigosdeloscactusabandonados.org/