El lento calentamiento cojoncial

– Ese no es tu hombre biológico – le dijo un amigo, secándole las lágrimas con paciencia.
Marisa puso cara de niño gateando, con tijeras en ristre, que descubre un enchufe en el que encajan las dos puntas.
– ¿Y qué es el hombre biológico? – preguntó, temiéndose la respuesta.
–  El que te levanta las hormonas.
– Aaaah – …es que no se le ocurrió ningún comentario más inteligente.
Está claro, la culpa la tiene la pituitaria. La nariz. El olfato. El que conecta con el estado cerebral “taxi disponible”.
Su hombre biológico probablemente era más de retina,  de lo visual, del ojo abyecto… más de grafismos y audiovisuales. Pero a ella le gustaba desmarcarse para dar la lata y era algo cansina. De serie.
– Ya está, aquí no huele a feromonas y no hay remedio, ¿es eso? – dijo ella.
Y su consejero espiritual, con olor a arroz blanco cocido y yoga del puro, asintió con la cabeza.
– Vaya. Por eso encajo con Cristóbal y no con Alfredo, con Fernando y no con Luis, con Miguel y no con Ángel, ¿no?
– ¡Paaaaaara, mooozaaa!, ¿a dónde vas?, no hay tantos hombres biológicos.
– ¿Ah, no? – dijo la aprendiza, con cara de comprender que meter las tijeras en el enchufe quema – Vale, si tú lo dices, te creo, pero lo que yo pienso no siempre es lo que creo.
– Nena, Ernesto te la está pegando, y a tí te encandila porque su cerebro privilegiado le ha llevado a ser el presidente de la Liga de Antifaces de Cartón Couché. Ya lo dijo Mr. Wilde, llamarse Ernesto es fundamental en esta vida.
– Aaaah – insistió Marisa con su comentario literario de alto standing.- pero me estoy liando, ¿no íbamos a tomarnos unas cervezas para hablar sobre  el futuro del tantra occidental?
– No, corazón, tú sabes perfectamente que el aroma del lúpulo te puede desorientar.

Foto:Mandrágora: http://www.mind-surf.net/drogas/mandragora.htm

Bicicuta

Bien. Creo que no es necesario aclarar que mi tipo dista bastante del de la chica de la foto, pero no mis intenciones. Necesito que el mundo sepa que un ser subido en una bicicleta es un ser/objeto tierno, frágil y perecedero. Sobre todo perecedero, porque lo cierto es que mis escarceos amorosos con mi bici han sido de peli de terror. De hecho la he bautizado con el dulce nombre de “Bicicuta”, y no porque intente envenenarme, pero sí porque me consta de forma fehaciente que intenta asesinarme.
Y mira que voy yo mona con mi casco más grande que mi cabeza, aunque haya sido difícil encontrarlo, mis guantes para proteger mis manos, aunque no sean de seda, y mis lucecitas de pilas que avisan a los demás de que voy para allá y más vale que se quiten, ya que mi pericia pedalística aún está por demostrar.
Mi bici es pequeña, ligera, plegable, suave y juguetona como Platero cuando acariciaba con el hocico las florecillas gualda. Es de acústica algo dañina, porque emite un chirrido con uno de los frenos como si fuera el orgasmo de una ballena. No me deja pasar frío, me engaña dando imagen de escuálida figura ingrávida. Pero pesa, es densa, y en cuanto me descuido intenta tirarme del sillín sin ningún miramiento. No puedo sonreír a otros ciclistas que pasan, porque se pone nerviosa y me hace caballitos y me tira al suelo para que me dé un guarrazo.
Eso sí, se ha acurrucado en el maletero de mi coche, así, de ocupa metálica. Y en el fondo me da pena, no tengo corazón para desahuciarla.

foto: http://www.todohumor.com/humor/imagenes/paseodeunaciclistanudista/

Mi Santo Sky

No, no os riáis, porque todo esto es muy serio y muy trágico.
A ver, probando, probandooooo, ¿funciona bien el micrófono?… sólo quería decirte que pasar de hablar contigo a hablar con una dura lápida no es lo mismo. Es que no estoy segura de que los cipreses sean resistentes a todo esto, me acuerdo más de los robles, se parecen más a tí. No sé si quiero tampoco traerte una corona de flores, prefiero las malas hierbas, que siempre fueron tus compañeras.
Todavía te recuerdo con tus infusiones soltando discursos de sus beneficios, para lo que ya no tenía remedio. Me hace sonreír. Tu vehemencia hasta para morirte era digna de litros de literatura, o de aguardientes malos, no estoy segura. Mira que eras egoísta, siempre ocupando espacio, hasta me robaste aire, ¡mamón!, tu dificultad para respirar me dejaba boqueando, aunque también boqueaba como los peces cuando me robabas la respiración en esos colchones amorosos.
Mira que no dejarme incinerarte, sólo pude incinerarte en vida, mirándote a largo plazo. Y luego me dejaste con el deseo de la purificación del fuego.
Que no voy a seguir hablando contigo, te tengo castigado en un mundo que no sé  dónde está, mejor voy a seguir hablando con tu lápida, pétrea como tú.
Te recuerdo calvito, caquéxico y frágil, pero no había más que mirarte para comprender que eran puras pariencias. Lo de consumirte sólo se te daba bien cuando luchabas por ese mundo utópico en el que las personas aún no habían perdido toda su dignidad. O cuando tocabas el contrabajo, mirando a un suelo sin fronteras.
No os riáis, que voy a dejar una mosca, en vez de flores. Una vez me dijeron que las mocas tienen un genoma casi humano. No, si al final me transmutaré en libélula, a ver si ligo contigo otra vez en cualquier bar de libaciones happy hour.
Eres tan egoísta que hasta para morirte fuiste el primero.

Mi mosca despistada

Mi mosca despistada, se quedó conmigo en el último verano y me dio pena echarla de casa.
Andaba siempre dando vueltas por mi habitación, conmigo detrás, armada con trapos y revistas, subiéndome por camas, mesas y sillas, tratando de ahuyentarla. A punto estuve de utilizar insecticida, pero temí morir yo antes y me abstuve de cometer el  insecticidio. Empecé a acostumbrarme y a mirarla con otros ojos, desconozco con cuáles de los suyos me miraba ella, pero desde luego está claro que no veía muy bien, porque se daba unos guarrazos sonoros contra los cristales, que seguro producían mucho dolor, luego se quedaba un rato atontada, pero yo no sentía que fuera ético atacarla en su estado de desventaja.
Y yo ya se lo decía cada dos por tres, “mira Maruja, si sales por el cristal que está abierto llegarás muyyyyyyy lejos, pero no vuelvas a entrar corazón, porque te vas a dar la torta otra vez”.
Pero, eso, lo dicho, empezó a darme pena, fue llegando el otoño y la dejé que se quedara haciéndome compañía, amenizando mis horas de abstracción en el ordenador y posándose en las páginas de mis libros para indicarme por dónde tenía que seguir leyendo. Yo le daba miguitas de galleta, cachitos de entrecot pulverizado, pizcas de manzana,… y así está ahora, hermosa como una mosca reina, así no hay quien salga de ningún sitio. Si ya me lo dijo mi madre, “hija mía, mejor podías cuidar así a los moscones, que se te van todos, en vez de aplastarlos de un zapatazo”.
Maruja tiene un zumbido cariñoso y sensual, se conoce ya todos lo rincones de mi casa, ha explorado los conductos del aire acondicionado y estoy segura de que habrá encontrado allí a algún inquilino polizón con el que cambiar pareceres.
Estoy pensando en incluirla en mi plan de pensión de jubilación.

Foto lazy fly

Pensamientos Trisílabos

Esta mañana me hice un café de esos como los de mi abuelita María, que es como a la turca pero en castellano. Pones agua a hervir, añades varias cucharadas de café para que esté casi masticable, y dejas que vaya combándose una “nata” de café sobre el agua, hay que procurar que no se desborde, no es tan sencillo, y cuando llega al borde levantas el cazo para que baje el hervor y así hasta 3 veces, a la tercera es cuando comienza a ebullir y se rompe la costra de café. Entonces apagas el fuego y tienes dos opciones, colarlo con el colador de tela (el chino), o echar café tal cual directamente con lo que luego deja los posos en una taza pequeñita y añades azúcar. Este segundo método, el de la borra del café, tiene la ventaja de que al final puedes volcar la taza sobre un plato después de girarla tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj, lo dejas un rato escurriendo, luego miras los dibujos que dejan los posos y allí en el fondo de la taza están algunos retales de tu pasado, tu presente y tu futuro escritos. Bueno, esto es más de meigas, pero estimula la imaginación que da gusto.

Y esta mañana vi en la taza la silueta de un perrito siguiendo a un elefante.
Primero me quedé con una sonrisilla de esas de “yastamos con tonterías, ¿y esto que es lo que es?”.
Pero luego vi claramente que el elefante eres tú, con tus pensamientos trisílabos, y yo el perrito, pero un perrito algo tontaina, inexperto, liante, como esos que la lían con el rollo de papel y luego ponen cara de pena para que no les riña nadie. Un cachorro de labrador, sí.
Tú, con tu elefantidad milenaria, me miras con cara de “es que no tienes remedio”, y yo ladro un poquito para despistar a ver si hay suerte y no te fijas en la caquita que se me ha escapado en aquella esquina. Y tú te enfadas o no, nunca se sabe, porque tus pensamientos trisílabos y tridimensionales siempre han superado a los míos bidimensionales, bisílabos y en mantillas.
Te piso la pata en mis correterías y tú ni siquiera barritas, sospecho que es como si te hubiera hecho cosquillas con un algodón.
Tus ideas están tan altas, que no alcanzo, no puedo verlas, te quedan a la altura de las orejas y se esconden como detrás de un abanico. Nunca pensé que un elefante pudiera coquetear de esa manera con sus pensamientos.
Anda, agacha un poquito el lomo, para que me suba a correr por encima y te rasque con mis patitas.

Destaponante

Mi vecino Ramón no es exactamente mi tipo, tampoco yo el suyo, pero tiene una mezcla de olores a tabaco, semen y sudor, que me hace seguirle con la vista y el olfateo cuando pasa por el portal. Es de edad indefinida y eso seguramente se debe a su actividad extralaboral: su segunda profesión es “donante”, desconocemos la profesión principal.
Es donante de sangre, de semen y de pelo para peluquerías,… bueno, el semen no lo entrega en las peluquerías, creo, me refería al pelo, para que hagan postizos y bisoñés con sus capilaridades.
Es un tipo generoso, con una sonrisa amplia en la que faltan dos muelas que donó a su abuela cuando ya no podía comer más que purés.
Se sabe que se pasa la vida investigando qué puede donar de su magnífica persona. Se ha donado a sí mismo a la ciencia para que, cuando se muera, aprovechen de él todo lo que sirva para perpetuarse en otros seres.
Dona piel para quemados y se siente algo frustrado por no poder donar óvulos, ¡lástima!
Ayer me enteré de que ha ido a visitar a un otorrinolaringólogo muy conocido por sus habilidades artísticas.

Nos consta que Ramón se ha hecho donante de tapones de cera de las orejas.
Con asombro se comenta en la comunidad. Pero nos hemos enterado de que Don Torrino le sacó a Ramón un inmenso tapón de cerumen con una deflagración, como para avisar a los bomberos y al cuerpo nacional de artilleros y policía judicial.
Y se sabe que el destino de ese cerumen de tapones de orejas generosas es para un banco de cera multicolor para fabricar exvotos.
Sí, sí, exvotos. Esos que cuelgan a modo de piececitos, manos y otros cuelgues de cera en una salita de algunas ermitas, mediante los cuales los fieles dan fe de haber recibido los favores solicitados a sus vírgenes y santos.
Voy a ver si me fabrican un exvoto con la cera de Ramón y así se acaban para siempre mis males de la higuera.

Me ha salido un grano en la nariz

Me ha salido un grano en la nariz.
Y no tiene gracia.
Se llama “Tú”.
Te veo por todas partes y a todas horas como si fueras un político de tercera.
Subo, bajo, merodeo para acá y para allá y mis ideas se me enganchan a tu cara como una planta trepadora.
Me paso el día intentando buscar archivos de piezas incunables, pero veo el grano en la punta de mi nariz a través de mis gafas, entre los satanes y las evas de las ilustraciones, y brilla el puñetero grano inflamado con una sonrisa muy parecida a la tuya y se ríe de mí.
Por entretener al tiempo a ver si le da la gana pasar de largo, he hecho una búsqueda bibliográfica de los episodios registrados en los últimos años de pseudoquistes pancreáticos complicados con derrame pleural,… así si tú no me das un beso, a ver si al menos me dan una beca de investigación.
Pero el grano me mira, desde mi nariz respingona de payaso, se chotea de mí, no me deja que te olvide y además duele, me hace pupa, me hace daño.
Me he tirado a bucear a la piscina con intenciones de ahogarme o de que estalle ese puñetero granito, y una vecina amable ha venido a rescatarme y me ha sacado con los labios mu moraítos… pero con tu imagen clavada como un grano en mi nariz.
He ido a una bruja a ver si me daba algún emplasto o algún conjuro para convertirme en olvidadiza. Lo malo es que era tu cuñada y la cosa no ha resultado fácil.
Así que he optado por enviarte orquídeas con mis efluvios, a ver si del empalago te vas al reino de las sombras, y recupera la paz el infinito universo.

Unas tetas muy bien puestas




Género no erótico.

Mi amigo Pablo me había estado dando la lata varios años con la misma monserga: “Niña qué tetas más bien puestas”.
A mí me tenía bastante preocupada el que él se sintiera de menos a mi lado. Yo no tenía la culpa de que él no tuviera tetas, pero, al fin y al cabo, era un amigo del alma física y psíquica.
Yo, por más que me miraba, no veía ningún misterio en aquella maravilla arquitectónica (así lo consideraba él), los métodos de sujección eran exactamente los mismos que los que pudiera tener cualquier otra colega de fatigas. Pero decidí ser generosa y hacerle un buen regalo para su cumpleaños.
No, no os vayáis a reír, que no es nada fácil cortarse las tetas con un cuchillo de cocina si no está bien afilado. Se pueden quedar cortes con laceraciones y resultados antiestéticos. Fue un poco doloroso, pero mi amigo bien valía un peine. He dicho peine.
Las tetas además son muy suyas. Bueno, son mías, pero tienen como vida propia y se escapan rebotando por donde han venido con una caída y una elasticidad mal calculadas, son advenedizas y se adaptan con dificultad a los designios de quien desea retenerlas. Tuve que luchar un rato largo para lograr algo decente. Finalmente lo conseguí. Y me alcé triunfal, algo ensangrentada pero triunfal, con el tesoro. Corrí a congelarlas para evitar deterioros por efectos del irreverente tiempo.
El día de su cumpleaños, mi amigo me recibió con los brazos abiertos. Siempre me había dicho con una risa que yo no acababa de comprender que siempre estaría dispuesto a besarme si yo prometía no mover las tetas. Y en este caso cumplí sus deseos. No las moví. Las llevaba empaquetaditas en una cajita isotérmica y las mantuve quietas mientras él me besaba con parsimonia y algo mosqueado.
Me miró y me notó rara. Como si no me reconociera.
Yo le dije “¡Sorpresa! ¡Feliiiiiz, feliiiiz en tu díiiiaaaa!” Y con mi escopeta de silicona en ristre, la que usaba para las losetas sueltas del cuarto de baño, me dispuse a dejar bien pegadas en su pecho mis tetas. Pero no había contado con un accidente topográfico: él tenía pelo, mucho pelo, y las tetas se quedaron a medio pegar, como colgadas de un balcón, algo mustias y desoladas.
Aunque he de decir que por fin pude comprender el tono de admiración que mi amigo siempre había traslucido cuando, con esa cara de arrobo, me dediqué a abrazarle yo.

Foto http://www.blogdehumor.com/category/fotos-graciosas/


Tóxico Benigno

¡Ay, guapa!
No hace falta que coma setas alucinógenas, si cada vez que apareces me salen palabras, palabros, requiebros y floripondios, como a la luz de la luna pero sin cerveza. Siempre fui un poeta de feria y el lirismo me inunda a ratos, como las norias. Entras en mi burbuja y el alma se me sube a la parra sin necesidad de vinos olorosos, las uvas son sólo para ver cómo te las comes.
No me importa que me intoxiques de esa forma tan benigna que transporta luces a mis oscuridades.
No te confundas, nena, no estoy enamorado de ti, estoy enamorado de mí en este estado que me produces con que simplemente muevas un dedo. Y como eres perversa y de naturaleza opaca, no siempre me dejas adivinar lo que escondes debajo de tus cejas.
Te recitaría poesías, pero me da mucha risa, así que empieza tú primero.
Mejor será que me vaya a volar como las abejas de flor en flor, aunque creo que no volveré a libar otro tóxico igual. O a lo mejor es más útil si me transformo en vampiro primaveral y voy a chuparte la sangre de ninfa de los infiernos.

Blogger Blues: SHERLOCK POST

No os perdáis este thriller de Joe Andrés:

Blogger Blues: SHERLOCK POST:               Me siento impelido a contar este episodio, que ya sabéis que yo soy muy episódico, debido a la intensa investigaci…